Que viene el lobo y se come las ovejas!

Siempre ha sido el villano de los cuentos para niños, acechando entre la oscuridad, engañando granjeros, atacando galpones, abuelitas y niñas con caperuzas rojas; en mi niñez era el terror de todos los chicos, el lobo encarnaba la maldad y el sólo verlo en los dibujos animados me entrecortaba la respiración.

Los lobos tienen la particularidad de ser asociados con las tinieblas, a algunas personas sus aullidos le caen como una gota de agua fría en la espalda, los esquivan, les temen. Son seres repudiados, marginados, odiados y en algunas ocasiones perseguidos sin misericordia.

Siempre he tenido cierta curiosidad por los lobos, me atraen, parecen unas bestias hermosas con sus pelajes de tonos blancos, grises y negros; pienso en que siendo fieras fuertes y de belleza admirable como un puma o algún otro felino, no tienen el estatus que les damos a otros grandes depredadores.

Lupe es un primor de tez morena y unos ojos negros redondos, una sonrisa pícara y pelitos parados agarrados como un manojo en una moña roja, me precio de ser su tío y compañero de juegos cuando mi hermano nos visita en casa, ella alegra mis días cuando me dice “chío”.

Hoy es uno de esos días en que Lupe viene a casa y me regala su ternura y compañía, tengo un títere de lobo en la mano porque preparo una obra, de golpe ella entra y me mira de medio lado curiosa, me pregunta: “¿chío, ese es el lobo feloz?”, a lo que respondo con un: ¡Sí, y te comeré, Gaarrrrrrr!, ella suelta una carcajada y corremos por el corredor.

Lupe me regala una nueva perspectiva, en su inocencia de niña no teme a mi lobo feroz, por el contrario, le divierte. Ella se enfrenta a mi lobo con la seguridad de tener el poder sobre su ser, al fin de cuentas “Lobito” sólo es un títere, pero la situación devela que los niños se enseñorean de toda circunstancia cuando se sienten respaldados.

Lo que me gusta del lobo de verdad es que puede vivir solo y no necesita sentir el respaldo de una manada, es fuerte en soledad, pero esto no quiere decir que sea un ser asocial, también es solidario en manada, lo que le da la ventaja sobre otras especies de cazadores en los bosques.

Creo que deberíamos aprender de los dos bandos, de los lobos del bosque que nos dan tanto miedo y de Lupe que nos causa gracia con sus pelitos parados y “enmoñados” en rojo carmesí, enfrentando a un lobo de peluche que la quiere atacar.

Aunque en este cuento seamos las ovejas, debemos aprender a ser fuertes en soledad, manteniendo la certeza que estamos respaldados (igual que Lupe), que sólo nosotros y DIOS nos bastamos para derrotar al lobo.

También es importante ser solidarios en manada, reconociendo en los demás a nuestros hermanos y aportando lo que esté a nuestro alcance para establecer una comunidad segura, en donde los cachorros puedan crecer y vivir en libertad, la verdadera libertad que sólo DIOS nos da.

Para cuando hayamos logrado estrechar nuestra relación con DIOS y fortalecer nuestra comunidad, ya no vamos a correr y dispersarnos como ovejas cuando el lobo aceche, y se escuche a un muchacho asustado sobre la colina gritar: ¡Que viene el lobo y se come las ovejas!

Publicado en http://www.conectadosconcristo.com por Mr. Cesos

Autor: Mr.Cesos

De vocación escritor, soldado del REINO y a la orden de SU MAJESTAD. En la actualidad sigo al más grande héroe de todos lo tiempos: JESÚS.