¡Adrian!, ¡Lo logré!

Una de las sagas de películas que más me gusta es la de “Rocky”, a mi juicio es una historia inspiradora, un argumento que merece la atención de todos; cada uno de nosotros tiene luchas contra diferentes temores o incertidumbres en su vida, pero eso no nos hace más vulnerables, sino que abre una gama potencial de posibilidades para alcanzar lo que se quiere, lo importante es conservar el deseo de superación y los arrestos hasta el “campanazo” final.

Si bien es cierto que Rocky no anda por buenos caminos en un inicio, también es cierto que dentro de él anida el fuerte sentimiento de ser mejor, un poderoso deseo de cambio y de superación, él no espera fama o reconocimiento, sólo quiere una oportunidad para demostrarse a sí mismo que no es el vago que todos piensan que es, quiere afecto desinteresado y un amor que le sirva de asidero para lograr lo que quiere demostrarse.

“Rocky” no es la historia plana que la mayoría de nosotros vemos, un boxeador que quiere llegar a ser campeón mundial, que aguanta las palizas más brutales y luego gana en el último asalto; esta historia tiene un trasfondo especial, es una historia de vida, aplicable a cualquiera de nosotros, que batallamos día a día por hacer realidad nuestros sueños, por llevar con decoro el nombre de JESÚS en nuestras vidas.

Su entrenador “Mickey” es una antigua gloria del boxeo echada al olvido, un alma que quiere dejar un legado para sentir que su vida tuvo un propósito, él es el único que ve en “Rocky” a un gran campeón; cumple en la película la figura que JESÚS cumple en nuestras vidas, con la diferencia que JESÚS sí cumplió con un propósito, nunca fue derrotado y es nuestro amado CAMPEÓN vigente, pero tienen en común que ven en nosotros el potencial que nadie más puede ver.

Adrian es la chica de sus sueños, una mujer como sólo él la quiere, “Rocky” no busca una belleza deslumbrante y artificial, quiere una chica que lo entienda, realmente lo ame y sea su apoyo en los momentos difíciles, él sabe que vendrán muchos y que es mejor cuando dos se toman de la mano y los enfrentan juntos. Su amor por ella es algo que le redime y le hace sentir mejor, le hace olvidar que trabajaba para un maleante cobrando dinero, ella le hace sentir que todavía tiene cosas buenas para ofrecer a los demás, ella es su esposa, él la escogió.

Su primera pelea contra el campeón llega aparentemente por la suerte, el día que nadie lo esperaba, cuando las maquinarias publicitarias quieren hacer un combate de exhibición, a diferencia de todos “Mickey” estaba seguro de la llegada de ese día, tiene fe en que el entrenamiento de “Rocky” tendrá por fin una razón, que es el inicio de la vida de un campeón, cada escalón es una gran prueba y el primero de ellos es el más importante, es el que afirma nuestra fe, en su primer encuentro no logra el cinturón de campeón, pero le genera la confianza necesaria para lograrlo.

“Rocky” como todos nosotros y como todos los guerreros, sigue teniendo diferentes pruebas a lo largo del camino, en la segunda parte se enfrenta de nuevo al campeón y obtiene el título, pero antes debe enfrentar la posibilidad de un temprano retiro del boxeo producto de los golpes del primer combate, el quedarse sin empleo, el embarazo de su esposa son el impulso que necesita para decidir volver al cuadrilátero a jugarse la vida por los que ama. El peligro potencial de perder la vista, junto al deseo de volver al boxeo, hacen que Adrian por amor a su esposo no haga caso al peligro y encienda una llama de fe que los unirá aún más.

Con cada parte de la historia llega un nuevo reto para el boxeador y para el ser humano, en el ascenso de la escalera (escena clásica y de un simbolismo espectacular) tropieza varias veces, pero está cada vez más cerca de lograr su objetivo final, un propósito más fuerte que él mismo, que está por encima de todo entendimiento y que a pesar de no ser claro desde el principio se hace cada vez más real con el devenir de cada secuela de la película.

Balboa es la última de las películas de la saga, en la que “Rocky” logra lo que nunca pensó que haría, pero que estaba latente desde el inicio de su vida, lo que siempre supo “Mickey”, lo que nadie pudo ver, logró dejar un legado para las generaciones futuras, una frase que le regala a su hijo, una frase tan contundente como los golpes que ha recibido, como las diferentes pruebas que ha enfrentado, unas palabras que encierran más que filosofía un aprendizaje de todo un recorrido en interminables batallas: “…No se trata de cuántos golpes des y qué tan fuertes sean, se trata de cuántos puedes soportar y seguir adelante… ni tú, ni yo, ni nadie, golpea más fuerte que la vida”.

Sólo espero divino SEÑOR que mi vida sean tus manos construyendo el REINO en la tierra, tener la posibilidad de poner al menos un ladrillo en él, para que mi existencia tenga un propósito real… sólo espero seguir adelante con el entrenamiento y resistir todos los golpes del enemigo, algún día sonará la campana y al terminar el combate levantarás mi mano y proclamarás mi victoria sobre el pecado.

Autor: Mr.Cesos

De vocación escritor, soldado del REINO y a la orden de SU MAJESTAD. En la actualidad sigo al más grande héroe de todos lo tiempos: JESÚS.