Nuestros medallistas

Hace unos días nuestra nación ganó a través de sus deportistas ocho (8) medallas en los pasados juegos olímpicos de Londres,  una cifra impensable si recordamos las pasadas gestas; al llegar, los recibieron con vítores y aplausos, hubo regalos de parte del gobierno y muchas sonrisas de nuestros compatriotas.

No era para menos el recibimiento de héroes, fueron inspiración para muchos de los otros deportistas y ejemplo para todos nuestros jóvenes, que ven en ellos el resultado de los esfuerzos y la constancia, el triunfo de una vida con una visión clara y con la dedicación necesaria para alcanzar la meta.

Aquellos que actuamos de espectadores podemos ver las competencias, las premiaciones y disfrutamos del espectáculo, para nosotros una competencia dura algunos minutos, tal vez un par de horas, pero más allá de eso no somos testigos de nada más, la preparación de cada deportista y sus sacrificios son un misterio para todos.

La parte de la historia que todos los deportistas quieren vivir es el triunfo y el reconocimiento, pero antes de cumplir con aquellos sueños deben prepararse para ello, muchas horas de entrenamiento, disciplina y sacrificios, muchas horas de sangre y lágrimas.

Sin  embargo, detrás de esos deportistas que con justicia ganaron sus preseas, existe un grupo de personas que trabajan  incansablemente para que ellos lleguen a su más alto nivel, esas personas que hacen parte del cuerpo técnico y de preparación, que celebran cada medalla y las hicieron con sus aportes, pero que nadie sabe quiénes son.

Viendo a aquellos deportistas levantar sus trofeos, me vinieron a la mente los líderes y servidores de mi iglesia, gente que como los del cuerpo técnico y de preparación hacen de nosotros deportistas de alto rendimiento espiritual, si bien es cierto el triunfo depende de nosotros en alto grado, también es cierto que de esas personas depende el éxito.

Ellos también dedican tiempo y energía para que los planes se cumplan y para que sigamos ganado la competencia, lastimosamente no son visibles en los momentos de recibir los honores y laureles, pero de ellos también son los triunfos, sin su esfuerzo y dedicación las cosas serían mucho más complicadas.

Por estas razones, el grupo de colaboradores de la iglesia (la mía y la suya), se ha convertido en una fuerza de élite importante en nuestro proceso de prepararnos mejor, frente a los retos de la vida cotidiana, para que podamos recibir cada semana nuestro alimento para el alma y para que sigamos estrechando nuestros lazos con DIOS… a ellos también les daremos su merecida medalla de oro, una amplia sonrisa y un sincero gracias al verlos.

Autor: Mr.Cesos

De vocación escritor, soldado del REINO y a la orden de SU MAJESTAD. En la actualidad sigo al más grande héroe de todos lo tiempos: JESÚS.