Santa Fe

El fútbol como cualquier otro deporte o situación cotidiana llega a los seres humanos cargado de sentimientos y experiencias únicas, es justo decir que los recuerdos más bonitos que compartí con mi padre en mi niñez tienen relación con este deporte, en esa época creo que era el único lenguaje que compartíamos, el único espacio en que los abrazos y las lágrimas de felicidad (cubiertos de un halo de espontaneidad) surgían a mares entre nosotros.

Aunque es importante aclarar que soy hincha azul, debo reconocer que de Santa Fe lo único que me gusta es el nombre… de niño este equipo era el “rival”, aquel equipo que había nacido para que Millonarios lo derrotara y fuera grande; no entendía cómo alguien con sentido común fuera a hacerse hincha de ese equipo (hasta el color de su camiseta es feo), y menos cómo mi madre una figura que se me antoja angelical fuera su seguidora.

Pasaron los años y algunos de mis compañeros y amigos eran hinchas santafereños, personas que se descubrían ante mis ojos como seres verdes y con antenas, a pesar de no ser de este mundo eran buenas personas, así que interiormente entendía que hasta los marcianos son hijos de DIOS, por lo cual no existía nada que me impidiera que compartiera con ellos.

La temporada pasada Santa Fe logró la tan anhelada estrella siete (7), hubo llantos, risas, vítores y aplausos; creo que no era para menos, este equipo llevaba dos (2) generaciones con un grito de campeón atorado a la garganta, 37 años de angustias y sufrimientos, de repente una promesa que se cumple y un derroche de alegría.

La primera declaración que hizo un jugador de Santa Fe al encontrarse frente a los micrófonos fue: “Doy la gloria a DIOS, esto es gracias a ÉL”, no sé si cité sus palabras exactas, pero ese era el mensaje principal, entonces en ese momento supe quién era el verdadero campeón, supe que ÉL premia la humildad, la disciplina, el trabajo y la obediencia de sus hijos… sin distinguir su camiseta, su color de piel, su estrato social.

Terminado el partido, en un programa de deportes, uno de los presentadores comentó que una familiar de alguno de los jugadores sirvió de guía espiritual, los acercó a DIOS y le dio mística al equipo, ellos se dedicaron durante el campeonato a rendir honores a su nombre (Santa Fe) y confiaron en el SEÑOR.

Ese día fue mágico para mí también, pues mi madre, ese ser lleno de mimos, sacrificios y un amor infinito hacia mí, estaba prendida de la pantalla del televisor viendo el partido de su vida, pues la mitad de ella había resignado la felicidad de ver a su equipo campeón, yo estaba de intruso acompañándola, sólo los dos en mi cuarto veíamos cómo se hacía realidad la estrella siete (7).

Unas manitas unidas como suplicando un milagro y unos ojos iluminados llenos de ilusión, eran el reflejo de un corazón trémulo y lleno de esperanza, de pronto viene el gol y con una sonrisa en los labios y una mirada extasiada por la promesa de un triunfo, mi madre gira su rostro hacía mí y con la humildad y el inmenso amor que la caracteriza busca mi aprobación, sabiendo que soy hincha del “rival”, temiendo hacerme daño con su alegría, le dije: “celébralo para eso son los goles”, acto seguido sentí un abrazo rebosante de júbilo.

Fue un momento en que pude vivir una felicidad a través de un ser amado, comprender que DIOS como nuestro padre celestial festeja cada una de nuestras alegrías y vive a través del brillo de felicidad en nuestros ojos. DIOS eres el CAMPEÓN.

Autor: Mr.Cesos

De vocación escritor, soldado del REINO y a la orden de SU MAJESTAD. En la actualidad sigo al más grande héroe de todos lo tiempos: JESÚS.